
¿Por qué las mujeres nos ponemos en este lugar de que la grieta nos alcance en territorio femenino? ¿Por qué que el deseo materno o la maternidad forma dos equipos de opinión rivales? Se ve que el algoritmo de ig funciona muy bien (lo cual habla expresivamente de cómo funcionan los medios de comunicación y formadores de opinión de hoy en dia), porque en estos días me llega mucha información sobre todo lo que una madre necesita saber: dónde comprar el mejor osito al peor precio, cómo dormir mientras estas embarazada, cómo no romantizar la maternidad, qué pensar sobre la lactancia e incluso las razones por las cuales antes de ser mamá ya debería arrepentirme por entregar mi carrera (¡?), mis intereses y mi independencia a una causa perdida como es la reproducción.
Admito que mucha información es útil y llega a conectarme con alguna buena literatura e incluso buenos libros de filosofía en los que nunca ahondé. Ejemplos de esto, libros muy copados y renombrados como El antieditpo de Deleuze y Guattari, El lenguaje del cuerpo de Lowen, La represión del deseo materno de Casilda Rodríguez Bustos… Me gusta ese camino que se me arma, pero siento que mi mente y mi cuerpo especialmente, debe hacerse camino con fuerza para llegar hasta ahí.
Me pregunto cómo llegamos a semejante cosa de separar y quitar la fuerza y la rabia al gesto del cuidado. Desde hace años estudio y enseño en el marco de una filosofía de raíz matriarcal. Siempre creí, por lo que pude vivenciar, que el cuidado y autocuidado estaban ligados a la conciencia y el poder y que eso en sí mismo daba independencia. Hacen posible cierta arqueología de las prácticas, en tanto que permiten desandar un poco, al menos, los pasillos de las configuraciones de poder.
La sensación, en cambio, es que las tendencias sociales o de opinión parecen seguir diciendo que si una avanza en una dirección abandona la otra. Por muchos años, cuando éramos mucho más jóvenes, confrontaba a mis compañeres de militancia porque sentía que sin un poco de consciencia de presente y cuidado (personal, grupal, comunitario) del más acá, no podíamos avanzar en construir un mundo alternativo. No digo que fuera brillante ni nada, no era algo que podía intelectualizar tanto como sentir.
Ahora pienso que en la época en que el sentir parece ser endiosado, estamos pensando que el sentir nos saca la fuerza y la potencia. Que si cedemos al deseo, damos por tierra a lo otro, a lo construido por años en la esfera publica (¿¡). Que si elegimos maternar es porque nos atacó una epidemia de inconsciencia o que seguro estamos ignorantes de la realidad o que estamos dispuestas a desaparecer en ello.
Entiendo y valoro dos puntos al respecto:
– Está buenísimo ir en contra del mandato inconsciente y que no sea una obviedad que nuestro rol de mujeres o madres este definido por el marco débil y violento que nos da la sociedad patriarcal
– Es cierto que hay muchisísmo privilegios puestos en juego, materiales, simbólicos, temporales, para ir luchando contra los mandatos y las violencias de la sociedad, de nuestras familias, compañeres, esposos. Pero también es cierto que muchas mujeres con pocos privilegios han sabido y saben hacer frente a lo que venga, construir y sostener su casa y quién sabe cuantas cosas más, aún pasando por violencias incalculables.
Hay, además, un entramado comunitario posible, en todos los niveles y clases sociales. Alimentar una grieta de opinión, polarizar posiciones…¿de qué nos sirve? Hace 7 años, no quería ser madre, o no lo sabía. En mi vida no había ni lugar para eso, ni deseo. Ahora lo hay. Cuántas cosas perderíamos si nos quedamos con la rigidez de una posición. No como personas pero como mujeres, como linaje guerrero, en el sentido más matriarcal del término: con poder de visión, fuerza y capacidad de defensa y empuje.
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