
Hay que reinventar el amor
Rimbaud
¿Cómo podemos pensar en el amor? Lejos de vivirlo y sentirlo en las entrañas, vale la pena el ejercicio de usar las palabras, conocer experiencias ajenas que expandan nuestra visión y nos permitan ir más allá de los mandatos que pesan sobre nosotrxs, muchas veces con gran emocionalidad.
Hay dos conceptos, venidos de distintos lugares y momentos, que puede resultar interesante poner a jugar entre sí, aunque sólo sea para ver qué surge al juntarlos. Uno es el de amor de «riesgo cero». El otro el de responsabilidad afectiva.
Es el filósofo Alain Badiou el que habla de amor «riesgo cero». En su libro Elogio del amor, explica que parece estar instalada una concepción del amor como aseguración. Dice: Se trata de un amor seguro-contra-todo-riesgo: usted tendrá el amor, pero habrá calculado tan bien la cuestión, habrá seleccionado tan por adelantado y con tanto cuidado a su compañero aporreando el teclado de su computadora- usted tendrá su foto, un detalle de sus gustos, su fecha de nacimiento, su signo astrológico, etc.- que al final de esta inmensa combinación usted podrá decir: «Con este, ¡no corro riesgos!». Tal vez, ante este tipo de slogans unidos al hágase feliz a usted mismo que se oye por todos lados hoy en día, podemos pensar que el amor queda, como dice Badiou, amenazado por el deseo ilimitado de seguridad y comodidad.
El amor según lo concibe este filósofo es aventura, casualidad. Se trata del azar de poder encontrarse con otrx, de la sorpresa y la potencia de poder salirse de unx mismx y vivir un poco la diferencia. En todo ello, hay riesgo. Pero también y fundamentalmente, hay lazo. En la nube personal en la que vivimos aún cuando estamos atestados social y culturalmente- se ve una grieta por la que podemos compartir sentido con otrx u otrxs. ¿No se aplica acaso a cada relación de amor del tipo que sea?
El otro concepto es el de responsabilidad afectiva, que surge de un contexto diferente: del movimiento poliamoroso de los años ‘80, particularmente en los Estados Unidos, de la mano de autoras como Anapol, Dossie Easton y Janet Hardy. En términos simples, la responsabilidad afectiva tiene que ver con el cuidado. Podemos situar en la responsabilidad tres palabras que nos sirvan de ancla: comunicación, conocimiento y consentimiento. Se trata, por sobre todas las cosas, de ser amoroso en el amor.
Si los vínculos por catálogo, tipo tinder, nos vuelven consumidores -la idea de que unx busca lo que quiere, consigue el juguete, cubre el deseo-, pensar las relaciones humanas desde la responsabilidad nos vuelve comunidad porque abre los modos y las definiciones personales al contexto. ¿Acaso no traemos todxs una historia diferente?
En una sociedad que está llena de filos, espadas y obstáculos inesperados, y también de la pelea como respuesta a casi todo, crear refugio colectivo no suena nada mal. La responsabilidad afectiva es herramienta para propulsar este quiebre de paradigma vincular. De alguna manera, si lo confrontamos con la tendencia del amor de «riesgo cero», significa aventurarse, y apostar al desafío que lanzó Rimbaud: reinventar el amor. Da la sensación de que el riesgo en el amor se ve suavizado por la responsabilidad. Quizás sea lo que necesitamos para animarnos a más.
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