A quién le importa…

Desde hace 2 años llevo el pelo así. Cuando digo así, quiero decir, con una pequeña zona rapada en el costado que solo se ve si llevo mi pelo de lado. Habitualmente lo hago, porque tengo un remolino que funciona así y porque me gusta mi rapadita, la uso. 
Me gusta porque sí, me gusta pasar la mano por el pelo corto, y me gusta porque es como una cicatriz, una marca que dejó un momento, que en vez de volarme la cabeza, me cortó el pelo. Pero solo eso. No tengo nada más que decir por mi pelo, ni estoy queriendo hacer una declaración o algo así. 


Qué ridículo decirlo, dirán. Raro sí, pero sin embargo, desde que me corté el pelo, recibí comentarios como si fuera algo más.

Sos punky. Sos torta. Te gustan las chicas…

Quizás si. A quien le importa…

Tantas cosas decimos los cuerpos…y sin embargo a veces cargan con sentidos aplicados desde afuera. Es sorprendente cuán poco abiertos estamos a esto que pasa a nivel de los cuerpos, de las sexualidades, de los deseos. Somos rígidos ante un fenómeno social que arrasa, que abre paso a identidades diversas y también a las preguntas. 

Hace 7 años se aprobó la ley 26.743, la ley de identidad de género y lo que ha pasado desde entonces, parecía inimaginable. Cinco años atrás, aproximadamente, leía en un texto, ya viejo en su momento la verdad, de la filósofa Judith Butler: ¨intervenir en nombre de la transformación implica precisamente desbaratar lo que se ha convertido en un saber establecido y en una realidad cognoscible, y utilizar, por así decirlo, la propia irrealidad para posibilitar una demanda que de otra forma sería imposible o ilegible.¨ (en Deshacer el género) Ella hablaba de poner algo en escena, hacerlo realidad y de la lucha que eso conlleva. El encuerpamiento. Hay algo que hoy es un hecho, tenemos mundialmente una realidad en la cara. 

Por momentos es confuso. ¿Cómo llegamos hasta acá? La sensación es la de haber sumado elementos, por muchos años, actos puntuales, valientes, violencias y de golpe, se hubiera puesto todo, a la vez, en movimiento. Quizás se siente así desde acá.

No soy gay, no soy trans y no necesito etiquetarme para poder hacer mío el reclamo de la diversidad. Estamos todos metidos en las mismas arenas movedizas. No es acaso la demanda por la diversidad, la misma que deshace roles sociales anticuados y violentos en mujeres, en hombres, en todos. Es el mismo quiebre que se posa sobre un modelo de cuerpo, o una forma de familia.

Es increíble ver cómo las cosas cambiaron tanto en estos 5 años. Como índice sirve ver casi cualquier película de distribución masiva de que tenga más de ese tiempo. Han cambiado tanto las fórmulas, que muchas de ellas se vuelven intolerables, por la falta de respeto que significan hoy en día, por los estereotipos que manejan y la línea que bajan.


Yo digo: hasta cuando podemos transitar por ahí agarrados de estos códigos rígidos para leer a los cuerpos y las personas? Los grandes no nos animamos a preguntar, los jóvenes que se afanan de tener libertad, no sé si saben bien qué hacer con ella. ¿Cómo saltamos las categorías? Como pregunta Paul Preciado ¿Es posible acaso seguir hablando de un único cuerpo humano?

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑