
Es bueno darse cuenta que se está rodeado de personas que tienen mucho valor y por eso, justamente, para enseñar y decir.
Que hecho fuerte y paradógico de nuestro tiempo mutante en que los medios de comunicación e información nos rodean (y hasta sofocan de vez en cuando), que sea tan complejo hablar. En ocasiones como si la voz cayera en desgracia o se perdiera en el camino, llega a destino un contenido que se hizo rígido. ¿Será que se seca en el enorme camino de la viralización digital?
¿Qué maneras tenemos para entendernos? ¿Qué decimos y qué no nos animamos a decir? ¿Cómo se frunce nuestro cuerpo cuando nos llevamos en la garganta lo que tendríamos que haber dicho a los gritos? ¿Qué pasa si, en su lugar, lloramos o abrazamos a los otros? Qué mutaciones le caen a nuestro lenguaje y qué desafíos posibles es una pregunta abierta por la época que está sabiendo polemizar y politizar el espacio del habla.

Mientras tanto, y con la contienda abierta, vale brindarse al capricho de escuchar lo que resuena, de encender la voz de quienes se considera portadores de buenas noticias, aunque sea como en un turno o como un premio, sentirse reforzado. Como dice Raúl Gonzalez Tuñón en su poema: eche 20 centavos por la ranura / si usted quiere ver la vida color de rosa
Deja un comentario