
Por María Cheb Terrab – Lo primero que viene a mi mente cuando alguien dice “Revolución” es la lucha armada. Entiendan: estudiar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA tiene consecuencias pegajosas. Por muchos años estudiamos la revolución de un lado y del otro, del pasado o del futuro pero siempre como un proceso abrupto, masivo, de toma del poder. No es que no hubiera palabras para los cambios sociales más invisibles pero en ese tiempo, en ese contexto universitario, eso era cultural y quedaba excluido de lo posiblemente revolucionario.
Hoy, desde Los-Bárbaros, pensamos las revoluciones y lo hacemos desde la música y el comportamiento. Es cierto que los 90, esos años duros, quedaron atrás, y quizás por eso es más sencillo valorar cierto movimiento en lo social y cultural más lejos de lo institucional. Vamos a aprovecharlo y ver si podemos agitar un poco. ¿Por qué no hablamos más de nuestra libertad, de nuestras deseos de transformarnos, de salirnos de los esquemas clásicos y los mandatos sociales?
Podemos pensar que las generaciones más jóvenes tienen las cosa allanada pero resulta que en algunos temas y algunas cuestiones no es para nada así. Pervive el hábito del tabú y se impone esta realidad de cambios sobredeterminados.
Sobredeterminación: nos agarramos de este concepto del filósofo Althusser, quizás si nos viera no estaría tan contento pero le prometemos deformar su concepto con respeto. Él dice que un cambio estructural, que cambie la totalidad orgánica en la que se organiza una cultura y una sociedad, toma mucho más que un simple corte, y requiere más que su simple contrario. Así, las cosas interdependen podemos decir, se sobredeterminan; los cambios se acumulan, se afectan entre sí.
Interesante pensar, en como un acto simple puede tener un efecto de hecho, encadenado, aunque no logre cambiar toda una realidad sistemática.
Deja un comentario